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miércoles, 24 de octubre de 2012

La escolta del hijo del noble

Resumen de las sesiones 1 y 2 de CdHyF

Lord Trendal encarga al capitán de su guardia, Magnus Manson, la escolta de su hijo Irving y del Con el sabor agridulce de la victoria incompleta, el grupo vuelve al Castillo del Águila a entregar el dinero recuperado y recibir nuevas órdenes maestre Francis Crocier hasta el Castillo del Águila, perteneciente a la casa Midian. Ser Irving va a iniciar su entrenamiento adicional como guerrero y estratega y el maestre se ofreció a acompañarles para poder tener ocasión de visitar la famosa biblioteca del castillo. Se espera que Irving se quede allí hasta la vuelta de primavera y Lord Trendal cree que de este modo su hijo empezará a valorar realmente lo que dentro de muy poco heredará, abandonando su actitud de niño malcriado y déspota.

Lamentablemente, por el camino tienen un pequeño incidente con una banda de desharrapados bandidos. Aunque consiguen repelerlos sin dificultad, uno de ellos escapa con el caballo del capitán y sus alforjas, que contenían los cien dragones de oro necesarios para pagar la estancia de Irving en el Castillo del Águila.

Interrogando a Rupert, un campesino reconvertido en bandolero por unos días al que perdonaron la vida, averiguan que dos hombres acudieron a su aldea buscando voluntarios para “una patrulla rutinaria”. Los que se apuntaron recibieron una generosa paga por adelantado a cambio de detener una comitiva y requisarles una caja que portaban. Rupert indica que ya llevaban tres días vigilando el camino y que al divisar la pequeña comitiva de Irving pensaron que era su objetivo.

Además, advierte que el hombre que ahora gime y llora febril en su casa, con un brazo diestramente amputado por el maestre, era uno de los dos que les reclutaron. Ante esta situación, se pidieron refuerzos por medio de un cuervo y, en cuanto llegaron, se trasladó al herido al herido al Castillo del Águila.

Después de dejar también a Irving y a Francis en el castillo, el resto de la comitiva se dirigió, guiados por Renk el arquero, a través de los bosques que lindan con el territorio de la casa Zan. Muy cerca de la frontera, tras haberla cruzado, encontraron la pista de un jinete herido que los condujo hasta un campamento improvisado en medio de los bosques donde se encontraban reunidos una docena de hombres sucios y sudorosos. Habrían parecido leñadores para ojos menos inexpertos, pero Renk se fijó en unos cuantos escudos apilados al lado de la hoguera que tenían el mismo dibujo que el que encontraron en posesión de los bandidos del camino unos días atrás.

Propuso al resto del grupo esperar a la noche y alejar a unos cuantos del campamento encendiendo una hoguera en la relativa lejanía de una colina cercana, perfectamente visible desde el lugar del campamento, mientras los caballeros Albert y Turgrid, junto con Magnus, atacaban el campamento.

El plan, sencillo y eficaz, funcionó a la perfección hasta que el caballero ungido Turgrid quiso seguir las reglas de su orden, realizando una carga de caballería a través de la floresta. Magnus le imitó y ambos acabaron rebozados entre barro y hojas mientras Albert se las veía con varios bandidos.

Después de la sangrienta escaramuza encontraron entre los cuerpos un total de 70 dragones de oro, lo que coincide con la historia de Renk, que después de matar a dos bandidos, casi es apiolado por otro que consiguió huir después de robarles las bolsas a sus compañeros caídos.

Con el sabor agridulce de la victoria incompleta, el grupo vuelve al Castillo del Águila a entregar el dinero recuperado y recibir nuevas órdenes.
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