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jueves, 20 de marzo de 2014

Alatriste, rescate en el monasterio


Gracias a la entrada que hizo Bano el sábado 22 de febrero pude ir a la 1ª jornada Bayuca rol, fui por la tarde y me apunté a la partida de Alatriste en la que encontré plaza (había 2), después de la partida hablé con el master y le dije que pensaba escribir una crónica de la partida, así que ahora (casi un mes después de la partida) me veo en el dilema de escribir la partida en primera o tercera persona, tras ver pros y contras lo haré en tercera persona (es que escribir toda una crónica con el habla del siglo de oro es muy complicado).
La partida a la que me apunté consistía en el rescate de la amada de uno de los personajes (el cual me tocó llevar a mí) antes de que llegará a un convento en el que iba a ser encerrada; los personajes eran: Don Juan (joven hidalgo enamorado), Lorenzo (soldado licenciado), Fray Diego (un fraile, obviamente) y Don Fredo (un personaje bastante curioso, ya veremos luego).
La escena empieza en la casa de Don Juan (mi casa), en la cual yo estaba bajo arresto domiciliario (vamos, que si salía de allí me daban una paliza) tras haber intentado colarme en la casa de Doña Inés (la amada en cuestión), conmigo estaban Lorenzo y Fray Diego y me intentaban convencer de que desistiera de la idea de rescatar/secuestrar a Doña Inés antes de que la encerraran en el convento. Llamaron a la puerta, abrimos y entró Don Fredo (así se presentó), nos dio la noticia de que el convento al que iban a llevar a Doña Inés era otro distinto al que creíamos y que teníamos dos horas para salir en su persecución, el tiempo que el aguacil que vigilaba la casa iba a estar distraído. De este modo cogimos tres caballos (Fray Diego no sabía cabalgar y tuvo que ir en el mismo caballo que Lorenzo) y partimos hacia el convento de las clarisas en Ávila. Todo esto era la introducción.
Así empezó la partida propiamente dicha, era de madrugada (launa o las dos) y empezaba a caer una lluvia de esa que jode mucho. Al poco de salir de Madrid Lorenzo tuvo la sensación de que nos estaban observando, y así era, una familia de jabalís, que cruzó el camino cuando nos paramos a escuchar mejor, seguimos a Don Fredo (que nos empezaba a parecer un poco sospechoso) hasta llegar a El Escorial, donde estuvimos a punto de ir por el camino incorrecto, afortunadamente Fray Diego conocía la región y recordaba el camino; tras toda la mañana cabalgando llegamos a una pequeña posada que estaba en medio del camino, allí nos enteramos de que una joven, su ama y varios hombres con aspecto de jaques y espadachines a sueldo, había parado hace no mucho tiempo, me imagino la cara que debió de poner la mujer de la posada cuando nos vio aparecer por la puerta, un fraile, un soldado bajito y malencarado, joven noble de baja categoría y otro joven con cara de niño; todos cubiertos de barro hasta las orejas, la mujer también nos contó que la joven tenía aspecto de estar enferma (sin duda de amor), y antes de que la mujer terminara hablar nosotros ya seguíamos nuestra persecución. Subimos una colina, al llegar a lo alto vimos a un jinete solitario en el camino, Lorenzo y Fray Diego se adelantaron para intentar alcanzarlo, pero su caballo tropezó, los tres cayeron al suelo y perdieron de vista al jinete; desde que habíamos pasado la posada Fray Diego no paraba sobre que pensábamos hacer cuando alcanzáramos el carruaje, Lorenzo era partidario de asaltar el carro, acuchillar a los hombres que hubiera y salir huyendo con Doña Inés, no hace falta decir que este plan horrorizaba a Fray Diego, y Don Fredo mencionaba constantemente las palabras “duelo de amor” y “honor” en un tono de excitación que no siempre conseguía ser grave (no sé si me explico). Llegamos a otra bifurcación, esta vez daba igual que camino cogiéramos porque ambos llevaban al convento, uno pasaba por un bosque (en el que debía de haber bandidos y lobos) y el otro bordeaba el bosque (vamos, un camino muy tranquilo), me conseguí imponer al resto del grupo para escoger el camino y, por supuesto, elegí el del bosque.
En este momento hicimos un pequeño descanso, al volver a la mesa vimos que la habían juntado con la mesa de la otra partida, eso explicaba porque nuestro máster se había pasado toda la partida hablando con el otro máster, la otra partida consistía en un grupo que llevaba a una joven a un convento, también podríamos decir que eran nuestros los antagonistas de nuestra partida (o los malos que llevaban a una chica a un convento a la fuerza). Bien, presentación de los “equipos”, por un lado mi equipo: un fraile, un soldado, un noble imberbe y una criada disfrazada de hombre (Don Fredo, por supuesto); y los que llevaban a Doña Inés: un bandido (se hacía llamar cazador), un matón, un soldado sanguinario y el otro pretendiente de Doña Inés; no sé si alguien ve alguna clase de desequilibrio en los equipos.
Gracias a mi gran elección llegamos antes al convento, ya era de noche, nos pusimos a esperar delante de la puerta del convento; cuando llevábamos un rato esperando oímos unos ruidos y Lorenzo se asomó, pistola en mano, a ver, mientras avanzaba se encontró con el matón y ambos se dispararon, aunque como estaba oscuro no acertaron (bueno, eso y que es muy jodido acertar con esas pistolas), Lorenzo se terminó de acercar al matón y la asestó un espadazo que lo dejó en el suelo inconsciente, el ruido del disparo atrajo al bandido, que se acercó a caballo con un arcabuz, y Don Fredo (que, por cierto, su nombre real era Julia) salió corriendo a mirar, no sé muy bien como lo hicieron pero consiguieron desarmar al bandido, aunque Lorenzo se llevó una cuchillada, Fray Diego empezó a rodear el convento para buscar el carruaje y yo salí por el lado en el que la acción ya se había acabado, el matón se levanto e hizo lo más inteligente: huir; la situación se nos fue de las manos, Lorenzo persiguió al matón y el bandido se fue (desarmado, pero entero), sinceramente no tengo ni idea de cómo pasó eso. Por otro lado el soldado sorprendió a Fray Diego y le dejó tirado en el suelo (parece que ser fraile sirve para que no te maten), en el otro escenario Lorenzo alcanzó al matón y le dejó tendido en el suelo y fuera de la partida. Mientras esperábamos a que Lorenzo volviera oímos el ruido de un carruaje, Fray Diego también lo oyó y gritó algo así como: ¡Doña Inés Don Juan ha venido a buscarte!; tal vez fuera la voluntad de Dios, o una piedra en el camino, incluso puede que fuera que el eje de la rueda estaba medio roto, el caso es que una rueda se salió y el carro y volcó, los tres que quedaban en pie cogieron los caballos y fueron hacia el convento, entre ellos sólo estábamos Don Fredo (Julia para los amigos), Lorenzo (que nos había alcanzado después de deshacerse del matón) y yo, Don Fredo se lanzó a lo loco, Lorenzo se colocó a un lado del camino y yo esperé un poco más atrás, el soldado iba a la cabeza y se llevó a Don Fredo por delante, Lorenzo le salió de un lado y le dio un tajo a las patas de su caballo, que cayó y ambos se enzarzaron, el otro pretendiente siguió su camino hacia el convento (llevaba a Doña Inés en el caballo), yo estaba en medio pero ni siquiera paró, intercambiamos unas pequeñas palabras y cuando, como se alejaba, le reté a un duelo llamándole cobarde (ya sabéis, en esa época que te llamaran cobarde era lo peor que te podían decir), así que se bajó del caballo y nos enfrentamos en duelo; éramos igual de rápidos así que atacábamos a la vez, tiré los dados yo primero, tenía varias opciones para atacar: ataque a fondo, ataque y defensa y ataque doble, elegí atacar a fondo y atravesé al otro pretendiente de parte a parte, como atacábamos a la vez el otro pretendiente también me atacó a fondo pero falló. Bajé con cuidado a Doña Inés del caballo y la llevé a la casa del médico del pueblo, donde el médico estaba ya en pie e intentaba poner de nuevo en circulación al matón, que se empeño en que quería darme una puñalada (demasiado juego de tronos me parece a mí), pero las indicaciones del médico consiguieron que desistiera.
Y así es como termina la historia, Don Juan rescata a su amada y son felices, o más bien terminaría de no ser porque el máster que escribió la partida tuvo a bien escribir un epílogo para ésta, que, como no recuerdo muy bien; resumiré: resulta que Doña Inés no estaba enferma de amor sino que estaba enferma de verdad y tras varios días convaleciente en la cama (días en los que Don Juan no se separó de su lado) murió. Siento no ser capaz de expresarlo con algo de dramatismo.
En resumen, fue una partida bastante buena, sobre todo porque coordinar dos mesas no es nada fácil, y aprendí dos cosas, la primera es que el papel de “líder inteligente” del grupo no me va muy bien, a mi me gusta más dejarme llevar, y que en el juego de rol de Alatriste, si recibes daño recibes MUCHO daño, esto creo que a Ki le gustará.
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