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sábado, 17 de marzo de 2012

Enseñanzas de Kayl de Vallelargo

Pues si amigos, yo fui aceptado dentro del grupo Las Garras del Fénix y durante una temporada mi camino fue su camino. Bueno, realmente no era así, simplemente viajábamos en el mismo sentido por la misma carretera, así que tenía sentido que lo hiciéramos juntos… Como le dije en una ocasión a Vilem, su carismático líder, es más seguro estar a con vosotros que cerca vuestro, lo que era totalmente cierto, ya que la verdad es que conformaban un grupo peculiar, siempre ansiosos de aventuras, peleas y tesoro. Unos buenos aventureros, sí señor, pero nunca se sabía si su cercanía proporcionaría paz y tranquilidad o una enorme montaña de cadáveres.

Pero bueno, me desvío del tema. Vosotros lo que queréis es saber más de lo que se dio en llamar la Masacre de Ornuill y como me vi involucrado. Ya sé que eso no sale en ningún documento, pero sólo porque Trisio, alto mando de la Liga de Exploradores, silenció el asunto con rapidez y energía, como sólo él podía hacer.

Ornuill era un buen tipo, un cábiro de Nilia que regentaba la mejor taberna del pueblo, que llevaba su propio nombre. No es que superar a La Jarra fuera difícil, pero Ornuill se esforzaba en que lo que podía ofrecer estuviese en las mejores condiciones posibles. Pues bien, yo llevaba una semana alojado allí, consumiendo a pasos agigantados mis escasos recursos económicos, dedicado a la investigación sobre algunas propiedades mágicas y medicinales de unos cuantos ingredientes, como pronto tendréis que hacer vosotros si queréis ser miembros del Círculo de pleno derecho. Estaba esperando a Ganimerd y Jiord, unos tipos de apariencia dura y salvaje a los que había contratado para que me consiguieran la sangre de un trol y me la trajeran lo antes posible.
Enseñanzas de Kayl de Vallelargo
Kayl y sus atentos alumnos

No fue mucho el dinero que les pude ofrecer, pero me alegré mucho cuando ellos aceptaron el encargo. Más adelante me enteré de que eran unos maleantes que se mantenían dando sablazos y timando a las gentes del lugar. Lamentablemente para ellos, se habían metido con Las Garras, que resultaron ser demasiado afiladas para sus coletos de piel endurecida.

Aún hoy no alcanzo a entender que pasó en la taberna de Ornuill, pero tras unos instantes dudando si descuartizar o mutilar a todos los inquilinos, se armó tal follón en las habitaciones superiores y el patio trasero que envié a Ornuill a buscar a la guardia. Fue más que nada para que no interfiriera en lo que me proponía hacer, que era preparar unos vendajes para lo que yo creía que serían unas cuantas contusiones y algún hueso roto. Al final vinieron muy bien, ya que se contabilizaron varios flechazos en piernas y hombros además del que afectó a Ganimerd, que apareció en mi improvisada consulta espetado de parte a parte por sus dos muslos. A un hombre lo pudios salvar con la ayuda de un clérigo sacerdote y la intervención de su dios, Antim. No me gusta demasiado que los dioses intervengan tan directamente en las vidas de los hombres, pero supongo que al que le cerraron las tripas abiertas por el virote no pensará lo mismo.

Al final de la batalla, porque aquello fue una batalla, se contabilizaron seis muertos, incluyendo el que murió esa misma noche por las terribles heridas que sufrió en el abdomen, un hombre con la cara quemada y tres o cuatro con contusiones por saltar desde las ventanas. Todo aquello ocurrió en menos tiempo del que tarda en hervir un caldero con agua, tal era el poderío del grupo. Dieron cuenta de más de quince hombres armados y preparados siendo solamente cinco, y al acabar querían más.

De esto tenéis que extraer alguna enseñanza, pupilos míos. Aprender a apartarse a tiempo de un hombre con ira y sangre en la mirada podría ser una buena lección.

Después de eso las cosas sucedieron muy deprisa, hubo un intento de juicio, Las Garras pasaron una noche en el calabozo y se tapó el asunto muy efectivamente, como ya he dicho. Saciadas sus ansias de venganza, Las Garras salieron a explorar el mundo de nuevo, metiéndose en la boca del lobo sin hacer preguntas y sin miramientos, pero como ya he dicho también, pienso que, el fondo, no eran tan mala gente como dicen algunos.


Enseñanzas de Kayl de Vallelargo
Kayl dando por terminada la lección
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